Durante el último mes, en Telefe están pasando por octava vez la serie Los Simuladores, en prime time y con altos niveles de audiencia (logrando mantenerse siempre entre los 3 o 5 programas más vistos del día). Es asombroso como ya pasó una década de su estreno pero sigue tan vigente como el primer día.
Muchos críticos especulan que el éxito de la serie se debió al contexto de la crisis económica argentina de ese entonces, pero yo creo que se debe sencillamente a que sus personajes están muy bien caracterizados y se cuentan muy buenas historias. Además, por si eso fuera poco, trajo a la televisión argentina una calidad cinematográfica en cuanto al cuidado de la producción y guión, algo similar a lo que sucedió en Estados Unidos con Twin Peaks y The X-Files.
Los Simuladores eran por cuatro hombres un tanto excéntricos que se dedicaban al negocio de ayudar a sus clientes inventando simulacros para lograr los más curiosos objetivos: volver a reconciliar a un matrimonio separado, evitar la corrupción policial en una comisaría, estafar a un estafador para que no siga chantajeando, ayudar a un joven a que no repita de año, engañar al mismísimo FBI para que liberen a sus colaboradores detenidos por presunto terrorismo, etcétera. El formato parece sencillo pero posibilita que en cada episodio se trate una serie de problemáticas humanas interesantes y variadas, logrando siempre sorprender a los espectadores.
Los protagonistas son Marios Santos (logística y planificación), Emilio Ravenna (caracterización), Pablo Lamponne (técnica y movilidad) y Gabriel Medina (investigación). El episodio piloto es un tanto distinto al resto, ya que los protagonistas no sólo no tienen trajes negros ni parecen tan profesionales en cuanto a la estética, sino que todavía no están caracterizados de manera definitiva. Además, dicho episodio no tiene las dosis de humor que se convertirían en algo tan característico de la serie en todos los demás episodios.
Uno de los grandes aciertos fue que durante toda la segunda temporada Los Simuladores deben combatir a su archienemigo Franco Milazzo, el estafador estafado de la primera temporada que busca venganza.
También cuenta con un episodio especial que no sigue el esquema del resto de la serie, en donde van de viaje para descansar pero terminan resolviendo un caso de homicidio, el cual ya comenté en el post anterior sobre Sherlock Holmes.
Dejaron pequeñas frases muy recordadas, como la mítica “¿Tiene fuego?” de Mario Santos o la bizarra “¿No hay un piquito para mí?” del mexicano gay.
Hasta el momento, Los Simuladores ya tienen 4 versiones en el extranjero (México, Chile, España y Rusia), aunque ninguna gozó del éxito de la original.
Al contrario de lo que ocurre con muchas series exitosas que no saben morir a tiempo, Los Simuladores finalizó de manera prematura cuando se encontraba en su mejor momento y seguía creciendo, tanto en audiencia como en críticas positivas. Nunca quedó bien en claro los motivos de la finalización, aunque todo parecería indicar que se debió a que Telefe no quería pagar suficiente dinero a los protagonistas (incluso Diego Peretti llegó a afirmar en una revista que le pagaban muy poco dinero y que ni siquiera le alcanzaba para remodelar su baño). Siempre se rumoreó continuar en un futuro con la tercera temporada o una película, pero hasta ahora todo quedó en buenas intenciones solamente.















[...] Otra reseña nostálgica [...]
Yo también hice una reseña nostálgica del programa: http://molesto.wordpress.com/2012/07/13/los-simuladores-parte-i/
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Saludos!